Ricardo Espinosa Pedraza (Poema de inacabada certeza)

 
reúno estos
pocos términos gastados
estas frases mínimas
para decirle a Adriana
para tratar de
explicarle
por cuál razón
mi estupidez
combinaba
tan perfectamente
con la suya 

no me canso
de evocarnos
reunidos
seguros
acomodados
en nuestras
mutuas indulgencias

ella que 
constante
me observaba
y callaba,
cediéndome
la palabra 
y la tarima
para mis
chorros de babas
y mi sabia incoherencia

ella que era
la penúltima
de su especie
con su
crucial carencia
de amor propio
y su engañosa
sumisión,
dejándome
errar solo
  
y cuando
un buen día
me levanté
para seguir
experimentando
lo que el destino
había improvisado
para mi,
su tacto
se sintió
extraño...
Delicadamente
ajeno

Y yo que la
conocí
rodeada
por todos lados
de inconvenientes
y pocas certezas
sentí un día
cualquiera
que nuestro
gran amor
se había decantado
en la nada,
encontrándonos de nuevo
solos y conformes




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