Subcomandante Marcos (Instrucciones para Cambiar el Mundo)


Constrúyase un cielo más bien cóncavo.
Píntese de verde o de café, colores terrestres y hermosos.
Salpíquese de nubes a discreción.

Cuelgue con cuidado una luna llena en occidente,
digamos a tres cuartas sobre el horizonte respectivo.
Sobre oriente inicie, lentamente,
el ascenso de un sol brillante y poderoso.

Reúna hombres y mujeres,
hábleles despacio y con cariño,
ellos empezarán a andar por sí solos.

Contemple con amor el mar.
Descanse el séptimo día.

LAS DEFINICIONES

El mar


Es ancho y humedo, salado.
Se mira siempre de frente y con entereza.
Al final uno sale limpio e invencible.
Amar sigue siendo difícil... andar también.
En el mar hay muchas cosas,
pero sobre todo hay agua, agua, siempre agua.
Recuerde: no hay sed que se la beba.

El poeta


Sus primeros poemas son siempre maldiciones
(los que siguen también).
Se enamora seguido y cae con la misma frecuencia.
Se levanta despacio sobre papel y tinta.
Por reír mejor llora.
Está en peligro de extinción.




INSTRUCCIONES
PARA OLVIDAR Y RECORDAR

Sáquese despacio ese amor que le duele al respirar.
Sacúdalo un poco para que despierte.
Lávelo con cuidado, que no quede una sola impureza.
Limpio y oloroso proceda a doblarlo tantas veces
como sea necesario para tener el tamaño
de la uña del dedo gordo del pie derecho.

Espere el paso de una hormiga,
sea noble y generoso,
y pásele la pesada carga.
Ella lo llevará a guardar en alguna profunda caverna.

Hecho esto, vaya y rellene, por enésima vez,
la pipa de tabaco frente al mar de oriente.
El olvido llegará conforme se termine el tabaco
y el mar se acerque a usted.

Si quiere recuperar ese amor que ahora olvida,
basta escribir una larga carta hablando de viajes
desconocidos, hidras, molinos de viento, oficinas
y otros monstruos igualmente terribles.
A vuelta de correo tendrá su amor tal y como lo envió,
acaso con un poco de polvo y sueño en la cubierta...


INSTRUCCIONES
PARA DESPEDIRSE

No mire hacia atrás. Suele bastar con eso...


INTRUCCIONES
PARA MEDIR DESAMORES

Basta el rencor y, finalmente, no vale la pena.


INSTRUCCIONES
PARA NO LLORAR

Sobre su muerte nos fuimos levantando.
Fueron primero cinco nombres
cayendo uno a uno, y juntos, en nuestra memoria.

Luego vinieron a sumar su sangre otros nombres.
Ya nos desgajábamos cerro abajo
y la sangre junta y justa de otros más,
nos devolvieron arriba.

Mas, en tiempos distintos, con celo
juntaron toda esa sangre en la suya propia
para que no se perdiera río abajo.
Seguimos caminando sin mirar muy lejos
y algunos más destaparon el cofre de laca
para reabrir nuestra memoria,
y nos obligaron a levantar la vista con su sangre.
Siempre sobre su muerte nos fuimos levantando.
Y así cada uno va poniendo su cuota de sangre
para que otros se vayan levantando,
hasta que todos de pie
pongamos un nuevo sol sobre una tierra nueva.

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