miércoles, 10 de octubre de 2012

Ricardo Espinosa Pedraza (Escrito para ti, en tu Nombre)

No es que el tiempo lo cure todo
Pero puede ayudar
Yo no supe cómo tratarte
No dio para más
(Manolo García)



¿De cuándo acá
me atrevo 
a escribirte
unas mínimas
tardías e inconvenientes
palabras
Paulina Isabel?

Yo que apagué
tu sonrisa
y te la amargué
las pocas noches
que te duró
mi pena

Más que el 
corazón abandonado
pudo el apellido

Todo capítulo concluído
entre los dos
todo bien...

Pero un día
cualquiera
de cuando en vez
a pesar de nada
recuerdo tu alma 
libre y feliz

la ternura intensa
mal disimulada
tras el mohín
altivo de tu rostro
o en la serena distancia
de tus profundos suspiros

cálida y lenta
como lento
el intenso acontecer
de tus caricias

me acuerdo de todo
todo lo revivo
y la piel cansada
me transpira

déjame decirte

¿De cuándo acá
Paulina Isabel
 oso siquiera 
pensar en tu piel
suave y delicada?

y me atrevo a 
repetir tu nombre

un par de 
noches al año

extrañando las tardes
en el estudio
de tu casa

tú brillando
y yo mirándote brillar

tus labios dulces
y tus pechos en flor
palpitando
bajo mi pulso
afortunado

¿De cuándo acá
me tomo el atrevimiento 
de evocarte
en aquella temporada
mágica y tranquila?

Por aquél entonces
reías y reías
bailabas sin que
tus plantas
rozaran el piso

tarareando las
melodías de moda
con tu voz más 
sensual
y tus ojos
de miel y milagro

Mientras la vida
va pasando y pasando
con sus máscaras cansadas
rememoro nuestras
horas juntos

un par de veces al año
como ya lo mencioné
entro a hurtadillas en mi 
incontaminada esencia
y le robo un puñado
de recuerdos

hasta el alba temprana
que me aborda
en el instante preciso
en que todas mis verdades
confesionales
(muy arrepentidas)
se manifiestan
en silencio

¿Cómo me atrevo a recordarte
Paulina Isabel
cuando mis años
se han marchado
abandonándome

en cualquier 
extraviada estación
del mundo

de las que no aparecen
en los mapas
para turistas?

Más allá
de nuestros 
antiguos rencores
y mentirosos silencios

sobreviven aún
algunos instantes de gracia
que son sólo nuestros

de aquellos irrepetibles
que no me arrugan el alma
sino que la hacen sonreír

Por eso me atrevo
nada más que por eso



2 comentarios:

Lucía dijo...

Las cosquillas en el alma si que valen la pena.

Usted escribe muy bien
y la ilustración es genial.

Saludos (y un gusto).

:)

Ricardo Espinosa Pedraza (Riespe) dijo...

Apreciada:

Agradezco mucho tus amables e inmerecidas palabras,

Gracias por tu tiempo y calidez