Ricardo Espinosa Pedraza (Diario del Escepticismo)


El escepticismo que no contribuye a la ruina de la salud no es más que un ejercicio intelectual.
                        E. M. Cioran



El escéptico nace,
crece y muere
burlándose de sí mismo
y del mundo
que inventaron otros.

Sabe que no es pecado
no creer en el otro
que de cuando en cuando
procura dispararnos
por la espalda.

Rechaza, por principio,
lo que pontifican
los demás,
para acceder a la
oportunidad de ser
él mismo.

Es, no obstante,
capaz de sonreír
mientras alguien
que no conoce
le practica
la más juiciosa
de las eutanasias
y lo disecciona
para ser exhibido
en el majestuoso teatro del
escarnio público.

Ocasionalmente medita
los discursos de
ilustres prohombres
como un acto de condescendencia
que implica su pertenencia
a la misma raza
de antropófagos intelectuales,
que un buen día de éstos
se devorará a sí misma.

Tiene la certeza que aceptar
sin disentir,
lo puede condenar
a sufrir en carne propia
el callado fracaso
de pasar agachado,
que actualmente aqueja
a la mayoría de sus
congéneres.

Si es un buen escéptico
se atreverá a promover
la reinvención
de la soledad,
con lo cual
podrá ser
calificado de
prócer
o idiota útil...
(da lo mismo)



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